intento...


Llegué a casa exhausto. Había tenido un largo día y la que terminaba era una jornada de mierd*. De a poco comenzaban a cansarme los amaneramientos y el tono agudo del idiota de mi supervisor. El trabajo como reponedor de fruta en el supermercado ya era suficientemente agotador como para además soportar sus caprichosos cambios de ánimo. Me gobernaba la convicción de ser un hombre destinado a grandes empresas, pronto haría carrera, sería promovido a pesar el pan y de ahí a la gerencia: un paso. Sin embargo, mientras él siguiera mal-evaluándome y yo no lograse acabar con éxito el sexto básico, mis planes se verían truncados. Tenía que asesinar a mi supervisor, acostarme con la jefa o bien dejar de morder la fruta antes de acomodarla en el mostrador.

Mientras me encargaba del cerrojo de la puerta principal, creí oír un ruido en el interior de mi departamento. No podía haber nadie en su interior, al menos esta idea resultaba difícil de abrazar considerando que sólo mi ex mujer había tenido copia de las llaves, mismas copias que incrustó en mi cara el día que decidió partir en busca que alguien "con más expectativas en la vida y espíritu de superación"... terminó embarazada de un chofer de micro que durante el segundo trimestre de embarazo la abandonó por un travesti de nombre Miguel. Burra.

Ladrones? no hay en esta ciudad ladrones tan imbéciles como para perder su valioso tiempo intentando robarme; mi posesión más valiosa resulta ser un destapador marca "ilko", el resto se lo llevaron el banco y mi ex mujer. No tengo luz eléctrica y el agua la recibo gratis por una beca de incapacidad para indígenas que consegui por uno de los tantos errores del gobierno de Bachelet.

Entré y me dirigí directo a la cama; sin luz no hay mucho que hacer y una botella de escocés junto a un cigarrillo es toda la cena que mi organismo necesita... es también todo cuanto puedo pagar. Sumido en estos pensamientos y en la miseria de mi habitación, me sorprendí cuando intempestivamente se abrió una de las muertas del closet, al tiempo que desde su interior asomaba un hombre de unos 50 años y evidente sobrepeso llevando un vestido de gala blanco. Horrendo, verdaderamente nausebundo.

- qué hace ahí escondido?! -dije asustado-
- soy la virgen, hijo mio...
- cállate, imbécil
- soy la virgen te dicen, hueón, vengo a ayudarte, deberías agradecerme
- ayudarme con qué?
- con tu vida que es una porquería... no me mires las piernas que no me he depilado... la axila tampoco... estuve de vacaciones en europa, es la nueva moda
- que asco
- ya, rezate 3 ave marías y después conversamos
- de qué está ud. hablando, no le creo nada, vállase antes de que llame a la policía
- hay policía en Chile? La última vez que estuve acá habían pacos no más
- Carabineros hueón, más respeto
- Judas Iscariote, no entregarías a la virgen ante sus captores!
- váyase ahora mismo y nos ahorramos malos ratos
- no puedo, mi misión es ayudarte y no me voy hasta cumplirla... tú te llamas Gianina cierto?
- David
- Gianina vive contigo? Tú eres el hueón que se la come?
- no conozco a nadie con ese nombre
- mal hecho, esta minita es preciosa y es caliente como una Toyotomi
- no hable hueás, váyase luego, déjeme dormir tranquilo
- esto es San Martín 1321?
- no, esa es mi dirección antigua...
- mierda, me equivoqué, esto me pasa por salir a volar en escoba estando borracha
- la virgen vuela en escoba?
- no que no me creías? Pendejo incrédulo! Me voy y me llevo tu plancha

Salió. Pasaron 4 minutos y tocó a la puerta, desde afuera escuché su voz gritando: "ábreme la reja... y llámame un taxi que me cago de frío"

Lo intento... pero me cuesta tanto y temo haberlo olvidado
Aún así, esto es líneas primas: el placer de escribir lo que nos da la gana

fábulas médicas

De la Doctora Parraguez, delgada y de inigualable belleza, se dice que inspiró a muchos de los médicos que hoy ejercen la labor de chofer de ambulancias.

En cierta ocasión, uno de sus internos le preguntó:

- Doctora, qué solución debo utilizar para hidratar a un paciente? Suero Fisiológico o Ringer Lactato?
- Ringer Lactato, respondió la doctora.
- Pero el ATLS recomienda el uso de Suero Fisiológico, replicó el interno.
- Muy bien, entonces Fisiológico, respondió ella
- Ya caigo, doctora. Fue una pregunta tonta.
- No sólo eso, sino que tú eres tonto, tu novia es horrible y si no dejas de pisarme el pie, voy a reprobarte.

Análisis y enseñanza:

Aquí se le pide a la doctora que haga un juicio de valor entre 2 soluciones salinas clásicas. Ello no es nada sencillo, sobre todo para la mujer que no ha estudiado medicina, jamás ha leído el Harrison y se la ha pasado simulando.

Además, ¿qué se entiende por "mejor"?, ¿no es acaso un término irremediablemente relativo? Lo que es mejor para la doctora, puede no necesariamente ser mejor para su interno. Por ejemplo, a la doctora le gusta dormir echada sobre el estómago. Al interno también le gusta dormir sobre el estómago de la doctora. El problema es evidente. Sobretodo porque la doctora es casada y el interno tiene novia, la que, como ya ha sido mencionado, es horrible.

Hay que señalar también que pisarle el pie a un médico de staff (como hace el interno en esta historia), según el manual de semiología de Goic, es un error comparable al de desfibrilar un Flutter Auricular (entiéndase matar a un cristiano) o atesorar pan en la residecia médica con un propósito distinto al de comerlo.

Larga vida a Florence Nightingale.

contribución

Producto en parte de una parcial demanda temporal por parte de asuntos menos relevantes y en parte de una búsqueda de nuevos talentos literarios, hoy publicamos una historia ajena. Puño y letra de nuestra querida Alicia Gazmuri Irrarazabal, próximamente de Acevedo. La foto la elegí yo. Me gustó, es suficiente razón.

contribución

Sonrió. Cada vez que ella sonreía mi mundo se convertía en el lugar preciso en el cual deseaba vivir. Me miró a los ojos. Cada vez que al menos por instantes repetía esta acción, en sus ojos descubría el escenario perfecto en el cual se narrase mi historia.

Nunca mi reflejo tuvo tal brillo, nunca fue tan nítido ni me pareció tan real como en aquellas oportunidades en las cuales lo vi dibujado en sus ojos. Nunca mi nombre sonó tan claro, tan alegre, tan esperanzador como aquellos días en los que disfruté la dicha de oírlo brotar entre sus labios.

Sus movimientos delicados conformaban una oda a todo alegre momento experimentado en el transcurso de una vida. Cierto es que hasta conocer su compañía jamás comprendí realmente el concepto de femeneidad.

La llamaba Maravilla porque era aquella su flor favorita, Maravilla porque era aquella la imagen que en mi corazón representaba. Su apellido fue Plenitud porque no conocía entonces más palabras que describieran el estado de gozo, binestar y confort que acompañaba a la cercanía de su piel y al sonido se su voz.

Muchas veces, habiendo encontrado el amor, o creyendo al menos haberlo encontrado, descubrí en el abrazo de otra al hombre que deseaba ser. Sólo en ella descubrí que aquel que quería y debía ser era precisamente quien era y quien soy.

Era el fiel reflejo de todo cuanto alguna vez tuve la osadía de soñar. Era eso y mucho más, era graciosa, sabia, cálida y comprensiva. No sé si alguna vez cometió un error o se arrepintió de alguna acción. Sé que ni en sueños conceví tal perfección, se que el hecho de que existiese, hablase o respirase en el mismo mundo en que me encontraba, la simple gracia de saberla parte importante de mi vida era ya más de lo que me atrevía a pedir de la vida.

Bastaron 7 minutos de una primera conversación, que no fue la primera, sino sólo lo primera que logro recordar. En 7 minutos descubrí su infancia risueña y soñadora, su adolescencia dolorosa, pero relatada siempre en el contexto de una amistad verdadera y sempiterna. Su juventud deslumbrante, su adultez plena, su vida entera y de nuevo su sonrisa, aquella sonrisa que no fue jamás una simple mueca de los labios; era un guiño, una danza, una sincronía deslumbrante con el viento y el tiempo, una invitación irresistible a ser feliz.

Tal vez sea insustancial, tal vez sólo una ilusión. Sé bien que jamás opté más allá que a ser sólo un admirador más. Pero la ilusión lo vale.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Y esta línea editorial semi-rosa también. Desde hoy volvemos a la esencia se escribir porquería. Porque en marzo publicamos. Sí o sí. O porque quiero y ya. FIN.

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